Lejos de la realidad: 12

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 Sentada en la silla de piel de su nuevo despacho mueve el ratón del ordenador por la pantalla haciendo dibujos invisibles en lo que espera la llamada para acudir a la reunión. Se siente nerviosa y además débil, últimamente todos sus problemas se acumulan y no sabe como salir de ellos, todo empieza a mezclarse en su cabeza y la convierte en un bombardeo constante de preguntas.
Mira la hora, las once y media, debería encaminarse a la sala de reuniones pero en vez de eso comienza a tamborilear en la mesa, el sonido del repiqueteo de sus dedos en la superficie de madera la tranquiliza. Vuelve a mirar la hora, las doce menos cuarto, ya es hora de moverse. Se levanta lentamente y se acerca al perchero que está detrás suya, coge su chaqueta, su bolso y sale del cuarto en el que se encontraba.

Camina a lo largo del pasillo y se va dando cuenta de que será la última en llegar porque en el resto de despachos no hay nadie, tampoco le importa, no le interesa mucho otra reunión, ¿qué le van a decir? ¿Le van a decir que la cambiaron de despacho y que sigue haciendo lo mismo? Eso ya lo sabía, esas reuniones siempre le aburrían y no había nada que la motivase a entrar en ella. Kate no estaba y para colmo estaba Jeff también. “¡Dios que coño hago aquí dentro!” Se planteó durante unos segundos darse la vuelta e irse a casa pero no le quedaba otra, no podía fallar, era la única
fuente que le proporcionaba dinero para sobrevivir, no podía dejarlo por ella y por Lav.

Cuando se encuentra delante de la puerta de la sala de reuniones alza su mano en un puño y la golpea suavemente dos veces, después de ello se escuchan pasos acercarse a la puerta y el sonido de la llave girando dentro del pomo. Le abre un chico vestido con traje negro combinado con una camisa blanca y una corbata azul marina, no recordaba haberlo visto, también es verdad que llevaba una semana sin aparecer por allí, tal vez era nuevo. Observaba toda la sala, era la mejor de todas las que constituían ese edificio. Era un cuarto amplio, en el centro había una mesa de madera color cerezo y a su alrededor al menos veinticuatro sillas, doce por cada lado. Al fondo de la sala había una especie de chimenea de decoración con un jarrón encima y una flor. Las veces que había entrado allí nunca se había fijado. Se acercó a una de las tres sillas libres y se sentó. A su derecha, justo al lado de donde se sentaría el jefe presidiendo la mesa, se acomodaba el chico que le abrió. Dio un vistazo al resto de asistentes, no reconocía a muchas personas y de las pocas que reconocería no estaban allí, tenía la esperanza de que Kate apareciese en esa reunión pero no era la situación y por último Jeff no se encontraba tampoco.

- Buenos días.

El ruido de la puerta abriéndose y la voz interrumpiendo la sala la hizo girarse bruscamente. Sí, era quien creía que era. Vio como se acercaba poco a poco a la silla que ocuparía su jefe pero sorprendentemente fue el quien la ocupó. Traía un portátil bajo el brazo, lo dejó en la mesa, justo enfrente de él. Nadie hablaba pero muchos cuchicheaban, era una sorpresa para cada uno de los que allí se encontraban. Tal vez se trataba de una broma, pero si lo era, no le produjo ni un atisbo de gracia. El silencio cada vez era mayor y la tensión aumentaba por momentos. Sentía que alguien la vigilaba pero no podía levantar la vista de la mesa, su presencia la intimidaba, quería salir de allí, ¡necesitaba salir de allí!.

- Veo que no estáis muy receptivos hoy, así que creo que empezaré yo.

Se produjeron más murmullos, pero nadie se atrevía a decir nada en alto. El único que no decía palabra era el chico que le había abierto, parecía no sentir la tensión que corría por aquella sala es más, sonreía muy tranquilo.

- Como iba diciendo, yo empiezo. Me llamo Jeff y seré vuestro nuevo jefe, aunque ya algunos lo sabían el resto no. -Eso último lo había dicho mirándola fijamente- Juan Carlos ha tenido que retirarse por motivos personales que no revelaré y me ha dejado, con toda su pena todo hay que decirlo, su puesto. Además de este puesto seguiré colaborando como jefe de la sección de informática hasta que crea que mi compañero Logan está lo suficientemente preparado para ejecutar todas las tareas que requiere ese puesto por si mismo. -Nadie respondía.- ¿Alguna objeción?

El silencio duró cinco minutos más, cuando Gin ya no lo soportaba más, se levantó fue hacia la puerta y salió cerrando la puerta con un portazo, por un momento había olvidado que había más personas con ella. A los pocos segundos escuchó unos pasos detrás suya, la mano de la persona que la seguía agarró su muñeca y la giró.

- Así que tú eres Gin...
- ¿Otra vez tú?
- ¿Otra vez?
- Sí, primero me abriste la puerta, después eres el coleguita del jefe, y ahora aquí.
- Bueno, el coleguita nose, pero el resto si que es cierto.
- ¿Y tú quién eres? Porque no comprendo que sepas tú quien soy y yo no lo sepa.
- Podemos explicarlo en otro momento, este no es el adecuado. No eres a la única que le está pareciendo díficil la asistencia a la reunión así que vuelve a dentro y no seas maleducada, la reunión solo estaba empezando.
- Espera ¿qué? ¿Maleducada? -Sin darse cuenta estaba intensificando su tono de voz- Aquí el único maleducado es … -No le vendría bien decir el nombre de la persona que le pasaba por la cabeza- vale, venga volvemos.

De mala gana y en silencio seguía los pasos de su acompañante, solo sabía su nombre “Logan” y porque lo había nombrado al que ahora debería llamar jefe. “¿Por qué todo me tiene que salir mal? ¿Hay alguna fuerza en contra?” Delante de la puerta, Logan giró sobre sus talones colocándose cara a cara frente a Gin y le tendió la mano.

- Tenía usted razon señorita, no era usted la maleducada, lo fui yo al no presentarme. Lo siento, no suele ser normal en mí, Logan. -Sonreía a la vez que le hablaba, le daba un toque simpático.
- Ginger, encantada. -Le devolvió el apretón de manos y justo después entraron en la sala.

Se fijó en la mirada de Jeff, estaba enfadado, podía notarlo, en lo que había estado fuera algo ocurrió, todos los asistentes no eran capaces ni de gesticular. Volvió a mirar a Jeff, creía que la mirada de desaprobación iría dirigida a ella en cambio no fue así, sus ojos vigilaban los pasos de Logan y no los de ella.

- Bueno, ¿podemos continuar con la reunión señorita.... Burdock?
- Sí, lo siento..
- Nada de lo siento, no toleraré este tipo de comportamientos otra vez -su ira iba aumentando con cada sílaba y atemorizaba a Gin.
- No.. no era..
- No pasa nada jefe, se encontraba mal, se le había bajado el azúcar. -La voz de Logan había interrumpido la conversación
- Pues no se le había bajado todavía al cerrar de esa manera. -Gin no podía levantar la mirada, ¿dónde estaba su carácter fuerte? ¿Por qué se sentía tan débil con él?
- Vale, no es momento de echarle el sermón. Las amonestaciones son personales y deben hablarse en privado.
- Tienes razón Logan -volteó la cabeza hacia la figura de Gin, quien seguía de pie- señorita Burdock, al final de la reunión se quedará aquí.
- Vale. -Se acercó a Logan cuando Jeff había quitado la mirada y muy bajito susurró- muchas gracias, no tenías que hacerlo.
- Eso es cierto, no tenía que haberlo hecho.


No tenía que haberlo hecho, pero lo hizo, Gin no entendía ese comportamiento. Primero la llamó maleducada y después la ayudaba.

- Prosiguiendo con la reunión, existe también la desaparición de una de vuestras compañeras desde hace poco menos de una semana. No lo hemos querido entender como una forma de dimisión pero ese puesto debe ser cubierto.
- Pero, pero ella y yo somos las únicas encargadas, ¿a quién piensas poner? -La voz había vuelto a la garganta de Gin
- ¿Me va a dejar terminar? También había tenido la idea de que como esa sección no suele tener mucho podría encargarse usted sola y si en algún momento notase que es demasiado para usted buscaríamos solución, aunque también esperamos que aparezca de nuevo.
- A mi me parece bien.
- Pues perfecto, ¿algún problema que queráis solucionar ? Ahora es el momento de hablarlo.
- Yo tengo un problema -de la zona más cercana a la puerta se apreciaba un tono de voz masculino pero no conseguía verle la cara
- Sorprendame señor Esposito.
- Mi ordenador esta mañana dejó de funcionar después de abrirlo y tenía dos artículos para la publicación del lunes.
- Eso es un problema, Logan ahora pasará por tu despacho e intentará solucionarlo. Además, por si acaso no se pueda arreglar sacará del disco duro los dos artículos. ¿Ha quedado claro para los dos?
- Sí.
- Perfecto entonces. ¿Algún otro problema? -Nadie respondió.- Como veo que no hay más problemas que solucionar, pueden volver todos a su puesto de trabajo. Corrijo, todos menos la señorita Burdock.



4 comentarios:

  1. Estoy emocionada, te pido por favor continúes
    Abrasos: Ginna

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    1. Muchas gracias. En unos días pondré el próximo capítulo, pero es que estoy con exámenes un poco estresada. Un besito.

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  2. Interesante narración, dejé un premio en mi blog. Saludos.

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    1. Muchas gracias. Saludos a tí también, en un rato me paso por tu blog.

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